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De la vida y escritos de la Madre Genoveva puede sacarse material
para un volumen sobre la vida mariana de la Sierva de Dios o, con
frase más sencilla y menos acabada, sobre su devoción
y sus devociones a la Virgen.
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| Hoy nos fijamos únicamente
en una de sus devociones favoritas: el Santo Rosario. |
| En sus grandes y continuos padecimientos,
para la Madre el Rosario era fuente de consuelo y energía.
Y es que la Madre Genoveva captaba y vivía el alma de la devoción
del Rosario, que son los misterios de Cristo; por la eficacia santificadora
que contienen, quería que se meditasen también al rezar
el Oficio Parvo de la Virgen: |
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«En Horas, los gozosos;
en Vísperas, los dolorosos;
en Maitines, los gloriosos».
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| (Escritos personales, pág. 85) |
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| Entendía, pues, el Rosario y lo vivía
como devoción plenamente cristológica, como recordará
Pablo VI, cuarenta años después, en la Marialis Cultus
(nš 25). |
| Esa devoción descuella desde el principio
mismo del Instituto. El 11 de abril de 1911, escribía en carta
a su Director: |
| «A las señoras, después del
Rosario, les hago unos puntitos de meditación.» |
| (Escritos personales, pág. 281). |
| ¡Quién pudiera tener aquellas
charlitas, sencillas sin duda, pero fervorosas y eminentemente prácticas!
De cómo rezaba el Rosario la Madre dan fe las que con ella
convivieron. Una Hermana escribe: |
| «Infundía devoción el verla
y oírla rezar el Rosario. Lo mismo cuando rezaba las otras
dos partes con la Hermana Rosas. Parecía que las avemarías
le salían del alma con fervor y energía.» |
| (Informes 7°, pág. 3). |
| Y otra recuerda: |
| «El Rosario lo rezó siempre con mucho
fervor, pronunciando bien las palabras y con voz potente.» |
| (Informes 11°, pág. 3). |
| Y una tercera: |
| «El Rosario lo rezaba siempre con mucha
devoción y, a veces, se la veía con los brazos en cruz.» |
| (Informes 12°, pág. 1). |
| Aunque ya se haya insinuado, conviene recalcar
que, cada día, rezaba el Rosario entero: |
| «La parte que tocaba el día señalado,
lo hacía en la capilla, con el fin de que asistieran las señoras
residentes; y los otros misterios los rezaba en particular.» |
| (Informes 8°, pág. 3). |
| ¡Y cómo rezaba aquellos Rosarios!: |
| «Cuando la Madre rezaba, en su aspecto,
se reflejaba lo que su corazón sentía. Bastaba mirarla
para sentir fervor y recogimiento.» |
| (Informes 4°, pág. 2). |
| De su afecto a la reina de las devociones marianas
era testimonio elocuente el que llevase al cuello un gran Rosario
de quince misterios, con el cual fue sepultada. Por cierto que, al
reconocer los restos mortales de la Sierva de Dios, pudo comprobarse,
no sin admiración, que a los veintidós años y
en el féretro, permaneciese intacta la blancura del Rosario. |
| Pero hay algo más importante. La devoción
que la Madre sentía por el Rosario quiso comunicarla a sus
hijas y, en el «Manual de oraciones» que publicó
en 1945, quiso que a la fórmula con que debía rezarse,
precedieran unas solidísimas reflexiones sobre sus excelencias.
Son unos parrafitos que equivalen a un verdadero resumen de mariología. |
| Asimismo, en el formulario completo que dispuso
Madre Genoveva para que las Angélicas rezasen el Rosario, descubrimos
tres rasgos que merecen la atención: |
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Al fin de cada Misterio, se
ponen de relieve las singularísimas relaciones de María
con la Santísima Trinidad. La riqueza inmensa de esas
relaciones la han señalado, más tarde, Pío
XII, el Concilio Vaticano II y Pablo VI. |
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Antes de las Letanías,
hacía una acabada profesión de fe de la perpetua
y perfectísima Virginidad de María, «antes
del parto, en el parto y después del parto»:
purísima, castísima, inmaculada. Vivir el espíritu
de la Madre Genoveva sería método eficaz para
que, en estos tiempos de confusión, piensen todos y hablen
de Nuestra Señora de conformidad con el sentir de la
Iglesia. |
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Muy tempranamente introdujo,
en las Letanías Lauretanas, la invocación «Reina
de la Sociedad Angélica del Sagrado Corazón de
Jesús, rogad por nosotros». Todo se explica;
del año 1920 al 1940 fue el apogeo de la devoción
monfortiana, y la Madre vivía en plenitud la consagración
a Jesús por María. Aún faltaban años
hasta 1954, cuando Pío XII proclamaría la Realeza
de María; la Madre Genoveva, mucho antes, ya la había
declarado Reina y Madre de la Congregación Angélica. |
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Padre Narciso García Garcés, cmf.
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