 |
|

|
| Nos extraña este estallido de devoción
mariana a quien se asoma a los primeros años de su vida espiritual.
Por ejemplo, cuando la huerfanita de Almenara acude a cobijarse
bajo la protección de Nuestra Señora del Buen Suceso,
en la ermita que más tarde ayudará a reconstruir tras
la guerra civil. |
| Parece ser que ya a los catorce años
ingresó en la famosa Archicofradía de la Virgen Inmaculada
y Santa Tersa de Jesús, fundada en Tortosa en 1873 por San
Enrique de Ossó, cuyo famoso libro El cuarto de hora
de oración constituyó el colosal acierto de
la espiritualidad de aquel gran sacerdote. |
| También en Valencia, en la Casa de Misericordia,
se inscribió entre las Hijas de María.
Allí se desbordó el amor de la pobre asilada hacia
la Madre del Cielo, cuya imagen, felizmente recuperada, recibe fervoroso
culto actualmente en la Casa de las Angélicas de Valencia.
Nuestra Señora de la Misericordia y la Madre de Dios de los
Desamparados, ésta en su Real Capilla, son las advocaciones
preferidas durante largos años en la Ciudad del Turia. |
| ¿Y qué decir del Pilar de Zaragoza?
Cuando funda Casa junto al Ebro dice que todos los días
iba al Pilar a pedir protección a la Virgen y se anima
asegurando que la Virgen del Pilar nos cuida, somos sus hijas,
estamos a sus pies. |
| Quien se asome al Museo-Relicario de la Casa
Generalicia de Zaragoza contemplará visualmente esta devoción
de Santa Genoveva en multitud de objetos e imágenes: desde
la preciosa casulla azul, finamente bordada por la Santa para la
fiesta de la inmaculada, hasta la caja de cartón, rústica,
rudimentaria, que contiene una imagen de María. A través
de un ventanito y disimuladamente, para no llamar la atención
de los compañeros de viaje, la ponía en su regazo
y miraba a Nuestra Señora en las horas interminables de aquellos
trenes cansinos de su época. ¡Rasgos deliciosos que
inventa el amor! |
|
|
|