Para conocer la relación íntima entre Santa Genoveva y la Virgen María es preciso asomarse a sus biografías y leer sus escritos personales. También el Proceso de Canonización rebosa en testimonios fehacientes de todo esto.
Hay, sin embargo, pruebas numerosas de la filial devoción que profesaba a Santa María. Por vía de ejemplo: exhorta a las Superioras de las Angélicas a que alimenten en sus Religiosas y señoras el amor a María. Les invita frecuentemente, en momentos de apuro o de especiales necesidades, a que recen fervorosas novenas a la Santísima Virgen, sobre todo en sus títulos de la Medalla Milagrosa o del Perpetuo Socorro.
Tiene un interés vivísimo en dedicar sus Residencias a Nuestra Señora del Pilar, en Zaragoza; de los Desamparados, en Valencia; a la Inmaculada, en Vigo. Buscaba bellas imágenes de María –logradas algunas de modo especialmente providencial- para que presidieran sus Casas. En Madrid desea la solemne entronización de la Virgen de Lourdes en una artística gruta.
La fiesta de la Purísima y su novena preparatoria, el mes de mayo, la Sabatina, el rezo diario del Rosario, son objeto de sus deseos en las cartas que conservamos. Escribe en las estampas de la virgen máximas impregnadas de filial fervor. Dedica una extensa Circular, en abril de 1928, queriendo que sus Hijas imiten a María en la práctica de los Votos religiosos. Pero donde quizá aparece más radiante su devoción mariana es en los apuntes íntimos espirituales que nos dejó.
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