De la Eucaristía han nacido. De ella se nutren en adelante. Mantienen como un símbolo la adoración eucarística nocturna las noches del jueves al viernes, todos las semanas del año, precedida de la práctica de la Hora Santa. A esta vela nocturna son invitadas las señoras de las Residencias. Juntamente con las Religiosas forman turnos de adoración reparadora.
Jamás faltó a esta cita nocturna la Santa Fundadora. Cuando llegaron los achaques de la vejez, imposibilitada de bajar a la capilla, desde una tribuna alta que hoy se conserva como reliquia, seguía adorando al Sacramento de su amor.
El Padre Cue, en su libro “Dos muletas gloriosas” escribió estos versos:
“Ya no puedo arrodillarme
en genuflexión completa.
Sólo una pierna arrodillo,
porque me falta la izquierda.
Señor, no puedo adorarte
toda yo; estoy incompleta.
Para suplir lo que falta
dispongo de dos muletas.
Las cruzo ante tu Custodia,
izquierda y derecha. Acéptalas.
¡Tú sabes cuánto duele
mi genuflexión a medias!
Podríamos llamar a Santa Genoveva “la monja que nunca se arrodilló”. Sin embargo su vida entera fue una adoración ante el Misterio, docilidad y veneración ante Aquel que reconocemos como único Señor de la Iglesia y del mundo