Es el primer rasgo eucarístico que señalan sus biógrafos. Y su lección aparece en nuestro tiempo con una palpitante actualidad.
Preparada diligentemente en la catequesis parroquial, llegó la edad de acercarse a la Comunión por vez primera. Vivía la Santa con un hermano José, único superviviente de la familia: todos habían muerto y habían dejado como herencia a los dos hermanos una pobreza de extrema necesidad.
No disponían, por tanto, de los medios económicos necesarios para adquirir el traje que las demás niñas del pueblo lucían en tan señalada fiesta. Genoveva vislumbró sagazmente la situación. ¿Retrasar la Primera comunión para más adelante, a la espera de poder contar con recursos económicos? En manera alguna. El traje era lo de menos.
Aquella mañana Genoveva madrugó más de lo acostumbrado. Con su humilde vestido de cada día corrió a la Iglesia parroquial de Almenara, su pueblo natal. Recibió el sacramento de la penitencia con los demás niños, pero inmediatamente, sin esperar a la gran ceremonia, se acercó entre la gente al comulgatorio y así hizo su Primera Comunión. De este modo, solía repetir ella más tarde, comulgó la primera entre sus compañeras de catequesis.
¡Buen ejemplo frente a tanto derroche inútil como actualmente suele rodearse el día de la Primera Comunión! Los pastores no cesan de advertir que se han desorbitado el ambiente social de esta fiesta, convirtiéndola en un acto más de consumismo, de francachela, de regalos y ostentación…