| Modelos e intercesores | |
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El
culto de los santos tiene en la Iglesia un fundamento claro: en ellos
contemplamos la vida de quienes siguieron fielmente a Cristo, encontrando
nuevos motivos que nos impulsan a aprender el camino más seguro
para llegar a la santidad, a la que todos estamos llamados desde el
Bautismo, según el estado y condición de cada uno. |
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| Cómo se hace un santo | |
| Un
santo se hace a golpe de vida. La santidad no consiste en una declaración
del Papa. Es la caridad elevada al grado posible, vivida en las circunstancias
concretas en que Dios nos pone, venciendo el propio yo, para poder entregarnos
a los demás. No hay más santidad cristiana que ésta. Y si la Iglesia declara «santos» a algunos cristianos, con su autoridad inefable, lo hace para ir marcando su historia, en todos los siglos y en todas las geografías, con muestras logradas de esa santidad. Ni la Iglesia define que sean los únicos ni siquiera nos dice que son los mejores: eso sí, nos asegura que ellos lograron la santidad. La Iglesia sabe que la santidad se puede dar, y se da, en todos los tiempos y en todos los estados de la vida. La muestra con santo orgullo el ejército innumerable de todos los Santos como la joya más preciada obtenida por la Redención de Jesucristo. El primer y principal oficio de la Iglesia es ayudar a sus hijos para que sean santos. |
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