| Milagros por su esencia, por su sujeto y por el modo | |
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Conviene
tener ideas claras. El milagro es un hecho extraordinario dentro de
nuestro mundo experimental. Un hecho que no puede explicarse por las
causas naturales, sino que se debe a la acción inmediata de Dios.
El milagro consiste en la acción de Dios en la naturaleza, pero
que se realiza fuera de las leyes de la misma naturaleza. |
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| Sentido y fin de los milagros | |
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Los milagros ¿tienen algún sentido y finalidad que justifiquen
su realización? Dios puede hacerlos; pero ¿tiene motivos
para hacerlos? ¿por qué los hace?. |
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| El milagro en las causas de Canonización | |
| Para
declarar auténticamente la santidad de vida de un siervo de Dios
no son suficientes las pruebas humanas, sino que han de concurrir también
otros motivos de certidumbre exclusivos de estas Causas: en primer lugar,
que el candidato a los altares goce entre los fieles cristianos de una
sólida fama de santidad, es decir, la voz del pueblo cristiano
que le atribuye fama de virtudes en grado heroico; después la voz
de las pruebas humanas, recogidas por la jerarquía de la Iglesia;
y, finalmente, la voz de Dios que declara, mediante un milagro, su deseo
de que el siervo de Dios sea proclamado beato o santo. Así, de esta manera, resuena como un coro de voces a favor de la proclamación de la santidad. La voz del pueblo de Dios, que no es un elemento meramente sociológico sino que tiene sustancia teológica: no se trata de sondear un fenómeno de opinión pública, sino de captar una expresión del «sentido de la fe» (sensus fidei) del pueblo de Dios. Fama espontánea, no provocada artificiosamente, vigente entre personas honradas y serias, continua en el tiempo, creciente de día en día y extendida en una gran parte de los fieles. Y la voz de la pruebas testificales y documentales, abundante en hechos que indican un heroísmo continuado en la correspondencia a la gracia, sin algo que desdiga de la santidad que se atribuye a aquel siervo de Dios. Pruebas que nunca llegarán a desvelar enteramente las disposiciones interiores, aunque sí serán su reflejo. Y, finalmente, la voz de Dios, manifestada en un milagro, es decir, de un hecho por encima de las fuerzas de la naturaleza (en cuanto a la sustancia, en cuanto al sujeto y en cuanto al modo, como arriba indicábamos); prodigio que haya sido realizado por Dios a través de la intercesión de un siervo suyo concreto, a quien se ha invocado expresamente. |
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