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La
Madre había muerto el 5 de enero de 1956. Desde el momento de
su fallecimiento y aún antes le rodeó fama
creciente de santa. Muchos hubieran querido que el Proceso para su canonización
hubiera comenzado enseguida. Pero la Iglesia, prudentemente, prefiere
aguardar. Sabe que, a veces, el olvido se cierne pronto hasta sobre
los personajes más famosos.
Pasaron por tanto diecinueve años desde
su santa muerte. Desfilaron ante el tribunal legítimamente constituido
un total de 65 testigos, de toda clase y condición: desde Obispos
y altos cargos hasta gente sencilla como labradores, empleados y obreros
manuales. No faltaron sacerdotes, religiosos, religiosas. Se clausuró
este Proceso el 3 de abril de 1978. Mientras tanto en Roma dos censores
examinaron los escritos: cartas, apuntes espirituales, circulares, etc.
Las virtudes heroicas de Genoveva fueron declaradas
por el Papa Juan Pablo II en 1991. Tres años más tarde
se aprobó el milagro necesario para su beatificación (2
de julio de 1994). Por fin fue Beatificada en la Basílica de
San Pedro de Roma el 29 de enero de 1995.
La última etapa fue la de examen
y aprobación de un nuevo milagro para la Canonización:
el 23 de abril de 2002. Han sido veintisiete años de trabajos
continuos desde el comienzo. ¿Mucho tiempo? Más bien diríamos
que poco, pues hay santos que han tardado cientos de años en
llegar a los altares como San Alfonso de Orozco, el último español
canonizado que ha tenido que esperar cuatro siglos desde su muerte.
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información]
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En el Proceso de Madre Genoveva hay dos
cosas que llaman extraordinariamente la atención. La primera,
su sencillez y humildad de vida. Escondía unas virtudes magníficas
y unos dones divinos sorprendentes bajo una apariencia externa de mujer
sin relieve social, con poca cultura, escasas o nulas posibilidades
económicas y, sobre todo, inválida. ¡La fuerza de
Dios se esconde siempre bajo la debilidad!
El otro aspecto que causa asombro son
los milagros, gracias y favores que, desde su muerte, ha dispensado
y sigue concediendo por su intercesión ante Dios y a favor de
los que acuden a su valimiento.
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