Comenzó en Zaragoza el 21 de noviembre de 1975

     La Madre había muerto el 5 de enero de 1956. Desde el momento de su fallecimiento —y aún antes— le rodeó fama creciente de santa. Muchos hubieran querido que el Proceso para su canonización hubiera comenzado enseguida. Pero la Iglesia, prudentemente, prefiere aguardar. Sabe que, a veces, el olvido se cierne pronto hasta sobre los personajes más famosos.

     Pasaron por tanto diecinueve años desde su santa muerte. Desfilaron ante el tribunal legítimamente constituido un total de 65 testigos, de toda clase y condición: desde Obispos y altos cargos hasta gente sencilla como labradores, empleados y obreros manuales. No faltaron sacerdotes, religiosos, religiosas. Se clausuró este Proceso el 3 de abril de 1978. Mientras tanto en Roma dos censores examinaron los escritos: cartas, apuntes espirituales, circulares, etc.

     Las virtudes heroicas de Genoveva fueron declaradas por el Papa Juan Pablo II en 1991. Tres años más tarde se aprobó el milagro necesario para su beatificación (2 de julio de 1994). Por fin fue Beatificada en la Basílica de San Pedro de Roma el 29 de enero de 1995.

     La última etapa fue la de examen y aprobación de un nuevo milagro para la Canonización: el 23 de abril de 2002. Han sido veintisiete años de trabajos continuos desde el comienzo. ¿Mucho tiempo? Más bien diríamos que poco, pues hay santos que han tardado cientos de años en llegar a los altares como San Alfonso de Orozco, el último español canonizado que ha tenido que esperar cuatro siglos desde su muerte.
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Dos cosas que han llamado la atención
 

     En el Proceso de Madre Genoveva hay dos cosas que llaman extraordinariamente la atención. La primera, su sencillez y humildad de vida. Escondía unas virtudes magníficas y unos dones divinos sorprendentes bajo una apariencia externa de mujer sin relieve social, con poca cultura, escasas o nulas posibilidades económicas y, sobre todo, inválida. ¡La fuerza de Dios se esconde siempre bajo la debilidad!

     El otro aspecto que causa asombro son los milagros, gracias y favores que, desde su muerte, ha dispensado y sigue concediendo por su intercesión ante Dios y a favor de los que acuden a su valimiento.