Prilidiana Largo Largo era una mujer soltera, de 72 años de edad, de corta estatura, piadosa, muy sencilla, de escasa cultura y pobres medios económicos. Había nacido el 3 de enero de 1922 en Cubillos del Pan, pequeño pueblo de la Provincia de Zamora (España). Allí vivía sola en una humilde casa de mínimas comodidades.
A su padre le tuvieron que cortar las dos piernas y a un primo también le amputaron una. Prilidiana era hipertensa y padecía una cardiopatía que le producía medianos esfuerzos.

 
    En febrero de 1994, a raíz de un pequeño golpe en el dedo cuarto del pie izquierdo, comenzó a presentar una inflamación muy acusada y un aspecto preocupante en la pierna.

Su cuñada, Hortensia de las Heras, casada con Rafael, hermano de Prilidiana, que vivía en la casa contigua, le acompañó a un Centro de Salud de Zamora el Viernes Santo, día 1 de marzo de 1994. Allí le realizaron una cura local y le recomendaron acudir al día siguiente, Sábado Santo, al Hospital de Zamora, donde le observan una isquemia intensa, es decir, una disminución muy importante del riego arterial en ambas piernas, además de la lesión en el referido dedo. Al ser un caso complicado, y ante la necesidad de valorar si alguna de las dos extremidades inferiores se puede salvar con cirugía, le remiten al Hospital Clínico Universitario de Salamanca, centro del máximo nivel asistencial.

 
    Comienza entonces un proceso burocrático, típico de la Sanidad española: se solicita la autorización para ser atendida en dicho hospital salmantino con fecha 25 de abril de 1994. Se autoriza dicha asistencia el día 29 del mismo mes. Pero dada la gran presión asistencial del referido Centro, no es citada hasta el 28 de julio de 1994.

Aquel día, en las Consultas externas de Cirugía Vascular, es diagnosticada de isquemia intensa en su grado máximo en ambas extremidades inferiores, algo más crítica en la derecha. Se propone su ingreso en el tiempo más rápido posible. El 10 de agosto de 1994 se efectúa su hospitalización. Al día siguiente se le practican múltiples exploraciones, entre ellas una arteriografía, que confirman la gravedad de las lesiones. Prilidiana en estos momentos sufre ya un intenso dolor en el pie izquierdo.

El 18 de agosto se la empieza a preparar para una intervención quirúrgica que pretende salvar, mediante un puente arterial, la extremidad menos afectada, la izquierda, y la amputación del cuarto dedo del pie que estaba ya con signos evidentes de gangrena. El día 22 se le practica intervención quirúrgica sobre esta pierna y en la exploración inicial, una vez realizadas las incisiones, se comprueba que el estado de las arterias es totalmente acordonado —sin apenas paso de sangre—y que no se puede realizar el pontaje (no hay zona de arteria sana donde suturar).

En los día posteriores la evolución es muy desfavorable. El día 29 son evidentes, a simple vista, los signos que indican la necesidad de una amputación de la pierna izquierda. Los días 30 y 31 de agosto la extremidad padece gravísimas alteraciones, lo que es evolución normal hacia la gangrena. Se decide finalmente a la amputación.

 
    Mientras tanto, Vicenta, hermana de Prilidiana, y su hijo Pedro Luis, que viven en Zaragoza y que han sido llamados a Salamanca ante la gravedad de los acontecimientos, tienen que regresar el 31 de agosto a Zaragoza al objeto de atender a otro familiar que está enfermo, quedando Prilidiana en compañía de otros familiares.

Tras hacer noche en San Felices (Soria) llegan Vicenta y Pedro Luis a Zaragoza a principio de la tarde del 1 de septiembre. Vicenta con una íntima amiga suya llamada Francisca Lana Ruiz, se dirigen a la Residencia de las Religiosas Angélicas, pues tenían gran devoción a la Beata Madre Genoveva y le visitaban con frecuencia en su cripta-sepulcro.

Al llegar, primero se detienen a orar ante la imagen de la Beata colocada en el vestíbulo de la Casa Generalicia. Luego bajan a la cripta (entonces el sepulcro de la Madre no se había colocado aún en la hermosa capilla actual) y le piden con fe y sencillez «que le cuides la pierna a Prilidiana, que no se la corten, porque vive sola y está bastante mal del corazón también. Tú, Madre Genoveva, que tuviste tanto sufrimiento en tu vida, que viviste con una pierna cortada, haz que no se la corten a Prili, porque está sola, no tiene a nadie».

 
    Después de esta visita al sepulcro, al regresar a casa y habiendo quedado con su cuñada Hortensia en llamarle por teléfono a las 10 de la noche para preguntar cómo había ido la amputación, les informan desde Salamanca del súbito cambio habido en la evolución clínica. De forma inesperada, coincidiendo con la oración ante el sepulcro de la Madre Genoveva, desaparecen las graves lesiones en los tejidos, la fiebre y el dolor cesan por completo, e increíblemente puede ser dada de alta tres días después. La pierna izquierda se ha salvado inexplicablemente de la amputación, y la pierna derecha, considerada insalvable por los cirujanos, ha vuelto a la plena normalidad.

Los diferentes profesionales que estudian el caso, sitúan el 1 de septiembre, coincidiendo con la petición de la familia a la Beata Genoveva en Zaragoza, como el momento nuclear de tan extraordinarios hechos, inexplicables científicamente.

 
   

La familia de Prilidiana, sorprendida por lo acontecido y ante la opinión de los expertos consultados, se pone en contacto con la Postulación de la Causa de Canonización de la Madre Genoveva, atribuyéndole la curación. Los hechos, exhaustivamente documentados, son estudiados por el Tribunal Eclesiástico que se formó al efecto en la propia ciudad de Salamanca, donde el Sr. Obispo ordenó instruir un Proceso, abierto el 18 de febrero de 1999 y concluido el 13 de julio del mismo año.

Comparecen ante el Tribunal la persona curada, Prilidiana, sus familiares y amigos, los médicos, enfermera, etc. En total doce testigos. La documentación incluye el historial clínico completo proporcionado por los diversos centros sanitarios.




 

Toda la documentación del Proceso fue entregada en Roma el 22 de julio de 1999. El 19 de noviembre del mismo año la Congregación para las Causas de los Santos sancionó que dicho Proceso se había realizado en el pleno respeto de las normas jurídicas vigentes.

Tras un minucioso estudio en el que intervienen cinco médicos especialistas de Roma, el 7 de junio del 2001 la Consulta Médica de la Congregación para las Causas de los Santos afirma por unanimidad que la curación de Prilidiana Largo de su «isquemia crítica grave del miembro inferior izquierdo complicada del cuarto dedo del pie de la paciente con grave obstrucción vascular de los miembros inferiores» ha sido «repentina, completa y duradera y científicamente inexplicable».

Poco después los Consultores Teólogos de la Congregación se pronunciaron con voto positivo unánime sobre el carácter sobrenatural de esa curación y sobre la relación causal entre la invocación de la Beata Genoveva Torres y la desaparición de la enfermedad.

El paso siguiente se dio el 5 de febrero del 2002: los Cardenales y Obispos miembros de la Congregación para las Causas de los santos confirmaron también unánimemente el carácter milagroso y atribución a la Beata y consideraron, por tanto, que se podía pedir al Sumo Pontífice autorización para que se pudiera publicar el consiguiente Decreto.


 
   

Cuando Prilidiana abandonó el Hospital Clínico Universitario de Salamanca el 5 de septiembre de 1994, volvió a la vida normal en su pueblo ante la admiración de parientes y vecinos.

En septiembre de 1996, dos años después de la curación, se le realizó una revisión o estudio médico completo, que corroboró su perfecto estado de salud en cuanto a la calidad de sus piernas, de tal manera que ante el asombro de los presentes en una boda de un familiar, año 1995, se puso a bailar con una sobrina cuanto quiso.




 

Prilidiana, dada su edad y las precarias condiciones de su vivienda en Cubillos, fue invitada generosamente por las Religiosas Angélicas a pasar el invierno de 1998 en la Residencia de dichas Religiosas en Zaragoza, llevando una excepcional calidad de vida. Más tarde, las Angélicas de Valladolid le invitan de nuevo a pasar el invierno de 1999 en aquella Residencia.

El 26 de febrero de 1999, Prilidiana viajó a Salamanca para comparecer ante el Tribunal instituido para el milagro, siendo ella la primera testigo. Manifestó su creciente devoción a la Madre Genoveva a la que atribuyó la curación. Viajó a Zaragoza varias veces para darle gracias ante su sepulcro.