La Beata Genoveva, hubo de caminar siempre apoyada en muletas, pero eso no le impidió discernir y cumplir, con paso firme, la voluntad de Dios.

     Demostró una fortaleza heroica, tanto en su actividad humana como en su labor apostólica. Muestra que la limitación física no es impedimento alguno para realizarse como persona y para vivir en plenitud la vocación y misión cristiana.

     Mujer humilde, tanto por su origen como por su cultura, poseyó la ciencia del amor divino, aprendido en su intensa devoción al Corazón de Jesucristo.

     En su debilidad se manifestó la fuerza de Dios. Ella siguió el ejemplo de María: como la humilde muchacha de Nazaret pronunció también su «fiat»confiando en el poder del Señor y recibiendo de Él la ayuda necesaria para responder generosamente a la vocación religiosa de fundar un nuevo Instituto. 

[Juan Pablo II]