El Siervo de Dios Monseñor José María García Lahiguera, arzobispo de Valencia y Fundador de las Oblatas de Cristo Sacerdote, fue el primer Capellán de la Casa de las Angélicas en Madrid. Conoció y trató mucho a Madre Genoveva, siendo testigo de sus Virtudes Heroicas en el Proceso instituido en Zaragoza. Tiene abierto el proceso de Canonización. Escribió sobre Madre Genoveva, entre otros, este hermoso testimonio:  

«Madre Genoveva Torres Morales. Dios la escogió desde toda una eternidad como instrumento suyo —piedra angular— de una Obra de intensa actividad física y de apostólica caridad. Ella no lo sabe; el Señor la prepara. Y antes de conocer su destino comienza a recorrer su camino de Calvario, clavada en la Cruz que la conducirá a la Luz inaccesible de la Gloria Eterna.

Dios, sí, la preparaba con esa gracia íntima, operante, con que regala a las almas escogidas. Porque, con tan solo 13 años, tiene ya temple de mártir y fortaleza
de héroe ante la amputación de una pierna. Afronta la realidad con valentía heroica, y, ante el dolor, ante la invalidez ya para toda la vida, su reacción fue un FIAT a la voluntad de Dios, una entrega absoluta al Plan Divino.

Quedaba en el cuerpo inválida; ante los ojos humanos desgraciada... pero, en el alma, con alas veloces para remontarse a la más alta santidad; con fuerza invencible para llevar a cabo la Obra para la que el Señor le preparaba: POR LA CRUZ, A LA LUZ.

¡Cuánto sacrificio oculto! ¡Cuánto esfuerzo inadvertido para muchos! ¡Cuánto vencimiento y heroísmo velado por la sonrisa, sufrido con sublime virginidad en el dolor, en el olvido de sí! ¡Qué profundidad de oración y qué absoluta entrega le fue necesaria para pasar por encima de su invalidez y contar sólo con la fuerza de Dios!

Así, poco a poco, aquélla —al parecer inútil niña— llegaría a ser Fundadora de una Congregación cuyo nombre, bien a las claras, expresa su ser y su vida: “Hermanas del Sagrado Corazón de Jesús y de los Santos Ángeles”: Amor al Señor y compañía de Ángel Tutelar a quienes sufren soledad, pena, desgarro de corazón...

Quieta y activa, sentada y volando, sufriendo y sonriendo. ¡Todo un programa de Santa Fundadora!.»

[Mons. José María García Lahiguera]