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«Madre
Genoveva Torres Morales. Dios la escogió desde toda una eternidad
como instrumento suyo piedra angular de una Obra de intensa
actividad física y de apostólica caridad. Ella no lo sabe;
el Señor la prepara. Y antes de conocer su destino comienza a
recorrer su camino de Calvario, clavada en la Cruz que la conducirá
a la Luz inaccesible de la Gloria Eterna.
Dios, sí, la preparaba con esa gracia íntima, operante,
con que regala a las almas escogidas. Porque, con tan solo 13 años,
tiene ya temple de mártir y fortaleza
de héroe ante la amputación de una pierna. Afronta la
realidad con valentía heroica, y, ante el dolor, ante la invalidez
ya para toda la vida, su reacción fue un FIAT a la voluntad de
Dios, una entrega absoluta al Plan Divino.
Quedaba en el cuerpo inválida; ante los ojos humanos desgraciada...
pero, en el alma, con alas veloces para remontarse a la más alta
santidad; con fuerza invencible para llevar a cabo la Obra para la que
el Señor le preparaba: POR LA CRUZ, A LA LUZ.
¡Cuánto sacrificio oculto! ¡Cuánto esfuerzo
inadvertido para muchos! ¡Cuánto vencimiento y heroísmo
velado por la sonrisa, sufrido con sublime virginidad en el dolor, en
el olvido de sí! ¡Qué profundidad de oración
y qué absoluta entrega le fue necesaria para pasar por encima
de su invalidez y contar sólo con la fuerza de Dios!
Así, poco a poco, aquélla al parecer inútil
niña llegaría a ser Fundadora de una Congregación
cuyo nombre, bien a las claras, expresa su ser y su vida: Hermanas
del Sagrado Corazón de Jesús y de los Santos Ángeles:
Amor al Señor y compañía de Ángel Tutelar
a quienes sufren soledad, pena, desgarro de corazón...
Quieta y activa, sentada y volando, sufriendo y sonriendo. ¡Todo
un programa de Santa Fundadora!.»
[Mons.
José María García Lahiguera]
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