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| EN ESTE AÑO 2006
se conmemora el 50 aniversario de la muerte de Santa Genoveva Torres
Morales, ocurrida en Zaragoza el 5 de enero de 1956. |
| El aniversario de
la muerte de un ser querido siempre es recordada por sus familiares
y amigos con especial interés. Lo hace así la Madre
Iglesia, que denomina esa fecha como «dies natalis»,
el día del nacimiento de sus hijos. Al morir nacemos para
el cielo, que es la vida verdadera. El nacimiento del seno de la
madre terrena tienen como término la muerte. |
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| Tenía ya 86 años. No podía
caminar ni con sus muletas ni en el carrito de ruedas. Se había
quedado sorda. Los achaques le asediaban continuamente. Como un
árbol poderoso bajo el vendaval se iba desgajando día
a día. La Hermana Muerte se acercaba paso a paso, con la
llave de oro en la mano, para abrirle el dintel de la gloria. También
los ángeles se disponían a emprender con ella el vuelo.
Y así fue, mientras se rezaban las letanías y jaculatorias.
Fue una entrega suave, una dormición serena en los brazos
de Dios. Le cobijaba el manto precioso de la Virgen del Pilar, también
con ángeles sosteniendo la columna. Símbolo y emblema
de la vida que se apagaba. |
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| Un río impresionante de fieles desfiló ante
el cadáver, día y noche velado por sus hijas las Angélicas.
Voz unánime era que había muerto una Santa. Tras el
solemne funeral, los restos de la Madre fueron depositados en el
Cementerio Católico de Torrero. Al cumplirse el año,
volvía a la Casa Generalicia, a la cripta bajo el altar mayor
de la Capilla. En aquel estrecho recinto instalaba Madre Genoveva
su «sala de visitas», su «oficina de favores y
gracias». Multitud de peregrinos desfilaron por allí.
Hasta que, próxima la Beatificación, fue colocada en
una urna de bronce, adornada con ángeles y estrellas, llevada
a la nueva capilla-sepulcro. El cuerpo de Madre Genoveva apareció integro.
Intacto también el «tesoro» que llevó consigo
a la tumba: crucifijo, medallas, rosario de la santa esclavitud con
sus quince misterios. Hoy pueden contemplarse estos piadosos objetos
en el Museo-relicario adjunto a la capilla-sepulcro. |
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La urna de bronce reposa
bajo un magnífico
altar de alabastro finamente tallado. Es una filigrana de paño-mantel,
copia inspirada en la tumba de Alejandro VIII en las criptas vaticanas
de los Papas. Preside un cuadro magnífico de la cisterciense
Sor Isabel Guerra representando a la Santa Fundadora en noble actitud
de serenidad y acogida. Corona el altar una cúpula mudéjar
de arabescos estrellados, a juego del pavimento de mármol.
Todo es obra del arquitecto artista Heliodoro Dols. Vidrieras, pinturas,
lápidas de bronce adornan el conjunto. Recinto tranquilo para
la oración sosegada. Y siempre flores, luces, ofrendas. La
devoción popular que no cesa.

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