"SÓLO EL AMOR ME EMPUJA A OBRAR"

Madre Genoveva Torres Morales, uno de los muchísimos retratos que de ella se han pintado.

Es el lema de la Madre Genoveva Torres Morales, Fundadora de las Religiosas Angélicas. Nace en Almenara (Castellón) el día 3 de Enero de 1870 y muere en Zaragoza el día 5 de Enero de 1956.

Su vida está marcada por el dolor. Genoveva se queda sin padre al año de nacer; pierde a cuatro de sus hermanos en el transcurso de seis años, y cuando cuenta 8 de edad fallece su madre. Se queda Genoveva con su hermano el mayor, de 18 años, y es ella la que tiene que hacer, a tan temprana edad, las tareas de un ama de casa.

El trabajo, la mala alimentación y los escasos cuidados, producen en su cuerpo un tumor en la pierna izquierda que, ante el temor de una gangrena, tiene que sufrir la amputación de la misma, a la edad de 13 años, en su propia casa y con los medios más rudimentarios. Todos esperaban la muerte, pero Genoveva se repone y vuelve a las tareas domesticas; ahora con una sola pierna, y apoyada en muletas.

La aparición de nuevos síntomas de enfermedad, hace que a los 15 años tenga que ingresar en la casa de Misericordia de Valencia. ¡Providencia de Dios! Aquí no sólo se repone físicamente, sino que su alma comienza una rápida ascensión espiritual, ayudada por el Capellán del Centro, Don Carlos Ferris.

Genoveva pide ser admitida como religiosa en las Carmelitas de la Caridad, Religiosas que regentan la casa, pero le es denegada esta petición a causa de su defecto físico. Esto no fue motivo para que Genoveva se encerrase en sí misma, sino que a partir de ese momento busca con más insistencia la voluntad de Dios sobre ella.

Quien conoce la vida de la Madre Genoveva se emociona al contemplar esta bota que impresiona y que representa la limitación física y el coraje de la cojita.

CARISMA 

  Las Hermanas Angélicas son una Congragación que vive para dar acogida, consuelo y amor viviendo en un espíritu de Oración y Servicio con aquellas personas que más lo necesitan.

Tras varios años de búsqueda, la Madre Genoveva , el día 2 de Febrero de 1911, funda en Valencia la primera " Casa Hogar" de la Congregación. Apoyada en su amor entrañable a la Eucaristía, que fue siempre el centro de su vida, encuentra su lugar dentro de la Iglesia y nace un nuevo Carisma:

Aliviar la soledad de las personas que, por diversas circunstancias viven solas y necesitadas de cariño, de consuelo, de amor, y cuidados en su cuerpo y en su espíritu.

En la Sociedad moderna hay una serie de fenómenos, que plantean grandes problemas a las personas mayores, uno de los más acuciantes es la soledad. Estas personas tienen necesidad de cuidados físicos, pero sobre todo, y es lo más importante, tienen necesidad de Dios.

La obra de la Madre Genoveva es de plena actualidad. Está concebida para devolver la ilusión por la vida a quienes la han perdido, infundiéndoles la paz y el gozo del Espíritu. Las Religiosas Angélicas, movidas por los mismos sentimientos del Corazón de Cristo, ofrecen a estas personas un hogar, donde se las cuida y atiende hasta el fin de sus días.

Impulsadas de un gran celo apostólico en fidelidad creativa se abren a otros campos:

 Catequesis

 Casas de Ejercicios y Espiritualidad

 Guarderías

 Formación integral para jóvenes

 Evangelización en Parroquias y Escuelas

 Otros Campos de misión

ESPIRITUALIDAD

Dentro de la rica espiritualidad de la Vida Religiosa, la Madre Fundadora destacó en su vida y en los primeros documentos un conjunto de rasgos y virtudes, que ella juzgaba necesarios para la misión propia de las Religiosas Angélicas:


 Almas Contemplativas

 Eucarísticas

 Marianas

 Angélicas

Estos rasgos se nutren de un intenso amor a la Eucaristía y una honda devoción al Corazón de Jesús, haciendo patente hoy en el mundo su amor misericordioso entre los necesitados, por medio de un servicio sencillo, alegre y sacrificado.

Desde esta vivencia las Hermanas comparten su vida fraterna, alegre y sencilla, que además del Carisma específico las hace abrirse a otras necesidades de la Iglesia y de la Sociedad.

Secundando los deseos de la Iglesia, la Congregación también hace participe de su espiritualidad y actividad apostólica a los laicos, para impulsarles a una vida cristiana más profunda en favor de los demás.


 

La caridad se manifiesta diariamente en la amabilidad, respeto mutuo, ayuda, condescendencia y pequeños sacrificios.
Vivir sin sufrir, es vivir sin amar; amar sin sufrir, es morir.
No dejemos a Dios que ame El sólo.
Amemos al prójimo, recibiéndolo, para ganarlo para Dios.
   Madre Genoveva.


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